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3:09

Seguro…Seguro??????????

Publicado por David Wallace |


Cuento de verdades, y verdades que cuento.

Hoy por la mañana despertaba con una noticia muy desagradable, deprimente y de cierta forma me anime a reflexionar esta noche sobre lo sucedido.

Como todos los días en que uno descansa después de una noche de fiesta, yo me encontraba durmiendo placida y tranquilamente, cuando de un súbito; llego a mi habitación, mi pequeña sobrina de apenas 12 años: hecha un mar de lagrimas y con la voz entrecortada, se animo a darme por enterado que habían asaltado, vapuleado y tundeado de dramática forma a mi Señor progenitor, que al mismo tiempo siendo las 6 de la mañana hora del Señor de esas horas en que apenas los gallos han comenzado a cantar y recibir con júbilo los primeros rayos del amanecer, 5 tipos se atrevieron a arrebatar de sus pertenencias a un Señor que a punto esta a ser sexagenario -pero con la fuerza de un chico de 20 años-, y yo aun sin caer en cuenta me levanto estrepitosamente dando tumbos por la habitación acomodando mis ropas de cama y poniéndome una chaqueta para evitar el poco fresco que acostumbra reposar por las madrugadas de este junio tan caluroso, y así salgo al patio de la casa, me encuentro de pronto con mi madre desconsolada sin saber si llorar, gritar o maldecir, más bien en un estado de catatonia indiscreta, mi hermana en búsqueda del numero de seguridad social de mi padre, y el allí parado en medio de las dos en silencio total con la sensación de impotencia, con el coraje hirviendo en su sangre, con la indignación de una persona que ha vivido de una manera honrosa, triste por haber sido despojado de su dignidad por un grupo de estúpidos maleantes.

No soy ni seré nunca muy católico pero de estas es una de las pocas veces en que agradezco la presencia en la vida familiar del poder divino pues a mi padre no le sucedió nada grave, solo arrebataron un poco de su tranquilidad y cosas materiales que pueden ser recuperables.

Lo que me lleva a lo siguiente, que acaso deben de vapulear a un miembro de todas y cada una de nuestras familias para darnos cuenta de que estamos siendo cautivos de la inseguridad, de que nuestra libertad se está esfumando de nuestras manos, que la vida no es ni será la misma después de una situación como estas, ¿Qué tenemos que hacer los ciudadanos comunes para que los órdenes de justicia hagan lo necesario para si no bien acabar con estos hechos, si reducirles de manera considerable?,

Hoy día los partidos políticos se aprovechan de esta situación y lanzan al aire propuestas como la pena de muerte, pero pregunto yo ¿esto es la solución?, no lo creo así, hoy más que nunca las garantías para reducir los niveles de delincuencia en nuestro País se encuentran asentadas en la capacidad que tengan los Gobiernos Federal, Estatal y municipal en proporcionar a sus ciudadanos de una mejor educación, en darles a los CERESOS (Centros de Readaptación Social) ese verdadero sentido del ser y que dejen de existir como escuelas del delito, también –los gobiernos- habrán de proporcionar las directrices de acción para incentivar la generación de empleos bien pagados –sin sueldos de hambre-, esto será realizable solo si el Gobierno deja de ser el hijo agradecido de los círculos de poder capitalista como lo son los grandes corporativos monopólicos.

Pero la solución no solo viene de allí, nosotros como sociedad también contamos, el núcleo de donde emerge todo lo bueno y malo de la sociedad es la familia misma, un aumento en el fomento de los valores de civilidad traerá consigo buena cosecha de seres humanos capaces de discernir y elegir patrones de comportamiento aceptables para la creación de una mejor sociedad.

No paremos allí, es necesario también la promoción de algo que se ha perdido en el tiempo, como lo es un estado de “buena vecindad”, ¿Cuántos de nosotros saludamos al vecino de al lado?, le conocemos, le tratamos y con ello también le defendemos cuando alguien trata de sorprenderle o amenazarle, Para hacer frente a la delincuencia la sociedad necesita la unión de todos.

Es tiempo de dejar de tener miedo, debemos enfrentar a lo que nos está consumiendo, las marchas pocas soluciones han traído, solo nos hacen vernos bien por un breve instante, pero el real cambio viene desde nosotros en atrevernos a decir NUNCA MAS, YA NO MAS, YA BASTA, y no solo para con nuestras familias, también con nuestros vecinos y todo aquel que necesite de nuestra ayuda, pues recuerden que tal vez el que sigue sea su Padre.

David Wallace

Yo si digo nunca mas y ¿tu?....

http://lapoesiacomoalimento.blogspot.com/2008/06/inseguridad.html (Derechos de imagen en esta entrada)


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